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Pensamiento Escéptico

Homenaje a Carl Sagan: Sus nueve reglas de pensamiento escéptico siguen valiendo veinte años después

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1. Confirmar la realidad.

Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación independiente de los «hechos».

2. La prueba, a debate.

Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de defensores con conocimiento de todos los puntos de vista.

3. No confundir experto y autoridad.

Los argumentos de la autoridad tienen poco peso: las «autoridades» han cometido errores en el pasado. Los volverán a cometer en el futuro. Quizá una manera mejor de decirlo es que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos

4. Siempre hay más de una hipótesis.

Si hay algo que se debe explicar, piense en todas las diferentes maneras en que podría explicarse. Luego piense en pruebas mediante las que podría refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. Lo que sobrevive, la hipótesis que resiste la refutación en esta selección darwiniana entre «hipótesis de trabajo múltiples» tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta correcta que si usted simplemente se hubiera quedado con la primera idea que se le ocurrió. (Este problema afecta a los juicios con jurado. Estudios retrospectivos demuestran que algunos miembros del jurado deciden su opinión muy pronto quizá durante los discursos de apertura — y luego se quedan con la prueba que parece encajar con sus impresiones iniciales y rechazar la prueba contraria. No les pasa por la cabeza el método de hipótesis alternativas de trabajo).

5. No aferrarse a una hipótesis por que sea la nuestra.

Se trata sólo de una estación en el camino de búsqueda del conocimiento. Pregúntese por qué le gusta la idea. Compárela con justicia con las alternativas. Vea si puede encontrar motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros.

6. La cantidad es la clave.

Si lo que explica, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, será mucho más capaz de discriminar entre hipótesis en competencia. Lo que es vago y cualitativo está abierto a muchas explicaciones. Desde luego, se pueden encontrar verdades en muchos asuntos cualitativos con los que nos vemos obligados a enfrentarnos, pero encontrarlas es un desafío mucho mayor.

7.Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los eslabones de la cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría.

8. Lo más sencillo suele ser lo más probable.

Esta conveniente regla empírica nos induce, cuando nos enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a elegir la más simple.

9. ¿Puede falsificarse la hipótesis?

Las proposiciones que no pueden comprobarse ni demostrarse falsas, no valen mucho. Consideremos la gran idea de que nuestro universo y todo lo que contiene es sólo una partícula elemental —un electrón, por ejemplo— en un cosmos mucho más grande. Pero si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro universo, ¿no es imposible refutar la idea? Ha de ser capaz de comprobar las aseveraciones. Debe dar oportunidad a escépticos inveterados de seguir su razonamiento para duplicar sus experimentos y ver si se consigue el mismo resultado.

 

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Sus nueve reglas de pensamiento escéptico siguen valiendo veinte años después de publicarse en su libro  El Mundo y sus Demonios , de Carl Sagan, p. 232 a 234. Año 1997.:

“El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error”

“Aprenderás Lecciones. Estás inscrito en una escuela informal de tiempo completo llamada vida”

“Cuando deseas algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo”.

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Todos tenemos amigos en Facebook que dan los buenos días y que comparten frases motivadoras. Lo hacen tanto para animarse a sí mismos como para contagiar una supuesta energía positiva que propicie el cambio, ya sea para conseguir un nuevo trabajo, para que el Real Madrid gane o para que el la crisis económica no nos coma la moral.

Frases profundas

Para algunos, este tipo de publicaciones resultan una molestia: filosofía barata para gente pusilánime. Y para la inmensa mayoría, es un contenido que pasa desapercibido. Pero ahora todos verán con otros ojos a las personas que compartan frases de Paulo Coelho o de cualquier otro poe de la autoayuda.

Un estudio llevado a cabo en Canadá y publicado en la revista de psicología Judgment and Decision Making  revela que las personas que suelen publicar este tipo de contenidos son menos inteligentes que la media.

En el trabajo, que tiene el muy directo título de “En la recepción y detección de mierda pseudo profunda” se demuestra la relación entre el impacto de este tipo de sentencias seudo filosóficas y las capacidades de las personas. Y la conclusión es clara: cuanto más impacta una frase supuestamente profunda, menor es el grado de inteligencia de la persona.

Para legar a este resultado, los autores de la investigación proporcionaron a 300 personas unos test de inteligencia y también una serie de frases de este estilo. A continuación se les pidió que evaluaran en una escala de 1 a 5 las palabras, siendo 1 ‘basura’ y 5 ‘conmovedor’.

Para las frases profundas, el equipo de científicos utilizó la página web sebpearce.com , un generador de sentencias reflexivas que utiliza términos como ‘vida’, esfuerzo’ , tiempo’ o ‘dedicación’. Tras crear unas cuantos ejemplos, se los mostraron a los sujetos. Y los resultados fueron los siguientes: los que dieron mayoría de respuestas con el número 5 eran también los que menos cociente tenían, los que menos pensamiento crítico poseían y también los que más creían en fantasmas y en la vida ulterior. 

Perspectivas

Perspectivas

La noche de San Juan

Publicado en Mala Ciencia 

Primero fue una noticia, luego una película, y hoy le toca el turno a la cultura popular. Como muchos saben, el 24 de Junio es el día de la festividad de San Juan Bautista, y la noche anterior (la del 23 al 24) se celebra la llamada Noche de San Juan. Los detalles de la fiesta pueden variar de un sitio a otro de la geografía española, pero la base es la misma: las hogueras y el fuego en general, iluminando la noche más corta del año.

¿La noche más corta de año? Bueno, eso es lo que piensa la mayoría de la gente, pero en contra de la creencia popular, la noche más corta del año no es la del 23 al 24 de Junio, sino la del 20 al 21 de Junio, que es cuando se produce el solsticio de verano y marca el inicio de dicha estación. El motivo del error es muy fácil de explicar: Durante la expansión inicial del cristianismo, se adoptaron como propias varias fiestas y ritos paganos. Concretamente, el 24 de Junio coincidía con un fiesta pagana que giraba en torno al sol, al agua y el fuego (de ahí las hogueras). Y se celebraba el 24 de Junio, precisamente por ser el solsticio de verano, es decir, el día más largo (y por tanto, la noche más corta) del año.

Ahora es cuando el lector dirá “¿Pero no acaba de decir este tío que el solsticio era el 21 y no el 24?”. Pues sí, así es, pero no siempre ha sido así. La causa es que un año no son exactamente 365 días (de ahí los años bisiestos). Pues bien, este desajuste hace que los solsticios (y los equinocios) sean cada año un poquito antes. Cada año bisiesto los vuelve a retrasar, pero no lo suficiente. De hecho, cuando en 1582 se pasó del calendario juliano al gregoriano, el desfase era de 10 días. El cambio de calendario volvió a ajustar las fechas e incluso redujo el error que se produce año tras año, pero aún así, más de 400 años después, tenemos un desfase de 3 días.

La tradición popular ha mantenido la asociación entre la Noche de San Juan y la noche más corta (porque en su origen era así), e incluso podemos verlo en telediarios y periódicos, cada vez que se refieren a esta fiesta (y si no, estad atentos el próximo 23 de Junio y veréis).

Por cierto, que no es casualidad que la festividad de San Juan Bautista sea exactamente 6 meses antes (o después) de la Navidad. El soslticio de invierno caía anteriormente el 25 de Diciembre (actualmente el 21 o 22 de Diciembre, dependiendo del año, y que podéis consultar aquí), y era también una importante celebración pagana. Y claro, ni San Juan Bautista nació el 24 de Junio, ni Jesús nació el 25 de Diciembre.

 Publicado en: Cocina Casera

En un artículo anterior; “algunos tipos de sal y su uso en cocina“, os listábamos algunas de los tipos de sal que podéis encontrar en el mercado. Uno de ellos, la sal del Himalaya, está muy de moda desde hace algunos años. El motivo de su popularidad es la información vertida por diversas fuentes que aseguran que los cerca de 84 componentes supuestamente descubiertos en esta sal hacen que su consumo tenga importantes beneficios para nuestro organismo. Sin embargo, investigaciones y análisis rigurosos llevados a cabo por diversas entidades, desmienten estas afirmaciones.

La sal que viene del Himalaya

En algunas webs relacionadas con la medicina y alimentación alternativa podemos leer que esta sal se extrae de océanos primitivos situados en las cumbres de la cordillera del Himalaya. Esto no es así, puesto que esta sal de coloración rosácea proviene de las minas de Khewra, en Paquistán, a 300 kilómetros del Himalaya. El nombre de esta sal fue creado por Peter Ferreira en la década de los 90, únicamente con fines comerciales para poder llevar a cabo su venta en Alemania.

Composición

Cuando Ferreira llevó esta sal al mercado alemán aseguró que estaba compuesta por hasta 84 elementos esenciales para el organismo.

En 2003, la Agencia de Protección del Consumidor de Baviera, analizó 15 muestras distintas recogidas de diversos comercios de Alemania. En los análisis solo se encontraron 10 elementos distintos; cloruro y sodio (en un 95-96%) y  otros pocos minerales.

Los resultados de estos análisis fueron posteriormente corroborados por la Universidad Técnica de Clausthal, que también halló únicamente 10 elementos en sus análisis.

Por su parte, la cadena pública alemana ZDF presentó un modelo en el que se podía ver como, además de un 96% de cloruro de sodio, la Sal del Himalaya está contaminada con un 2-3% de yeso (polihalita), y pequeñas cantidades de hasta 10 minerales distintos.

La única diferencia entre esta sal y la sal de mesa que se consume en Europa, es su proceso de elaboración, en el que se hacen pasar vapores de sodio sobre los cristales de cloruro de sodio, de forma que los iones cloruro se combinan con iones del metal, dando lugar a esa coloración rosada característica.

¿Beneficios de su consumo?

Sus supuestos beneficios milagrosos para la salud ha disparado el precio de esta sal que se vende a precios exorbitantes en comparación con la sal común de mesa. Seguir leyendo »

Este es un documental que tiene el objetivo de exponer a todo el mundo una visión crítica sobre la comida y la industria alimentaria con la que convivimos estos días.

En esta película se aportan muchos datos, conclusiones de estudios, entrevistas y casos reales de personas y familias. Se habla de la magnitud del problema de la obesidad infantil, de la diabetes, de los refrescos y la comida rápida. Se habla del azúcar y las cantidades que consumimos, de los efectos que está teniendo y de los que puede tener.

Una reflexión muy interesante del documental, es el paralelismo que establece entre el marketing de la industria alimentaria con el marketing que vivimos durante muchos años con la industria del tabaco.

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Una curiosidad:  ¿Cuánta cantidad de azúcar ingerimos en un día cualquiera, incluso pensando que no estamos tomando azúcar?

Ejemplos de cantidades de azúcar

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Fuente: http://www.sugarstacks.com/

 En el mundo viven alrededor de 7.000 millones de personas, pero ¿cómo sería nuestro planeta si redujéramos la población a un centenar de individuos? Es una infografía que muestra de manera sencilla algunos índices clave para entender el mundo en que vivimos.

El mundo en 100 personas

Esta infografía presenta de manera sencilla e inteligible cómo sería el planeta si redujéramos la población a un centenar de personas.